Malestar y Estrés (Artículo publicado en "EL Faro de Ceuta" el día 24 de mayo de 2009) Autor: DAVID ÁLVAREZ MONTANO Psicólogo colegiado Nº CE - 077
Cuando algunas personas acuden a mi Servicio de Orientación Psicológica y expresan que padecen ansiedad, intentan trasmitir un gran sufrimiento psíquico a través de un amplio repertorio de dolencias y malestares de carácter fisiológico. Generalmente se muestran sorprendidas de lo que les está pasando, porque aunque la sintomatología del estrés se refleje en nuestro organismo, no solemos pensar en nosotros en esos términos; pocas veces somos tan conscientes de que los sucesos de nuestra vida y que “algo en nuestro cerebro” nos afectan físicamente de esta manera. Por eso, algunas personas identifican algún o momento o situación con lo que les sucede. Algunas personas creen entonces conocer el suceso estresor responsable de lo que les está pasando, y otras no. Pero, sea como sea, casi todas expresan su sufrimiento en términos aproximados. Son frecuentes los dolores musculares, las tensiones de espalda y el agarrotamiento del cuello. En algunos casos, la tensión muscular que padecen es tal, que sienten como si les tirasen del pelo. En la mayoría de los casos se menciona algún tipo de “nudo en la garganta” o sequedad bucal, y problemas en la digestión y en el sueño. Sufren sudores y respiran agitadamente, lo que produce mareos por hiperventilación. Lo que produce, a su vez, una muy desagradable sensación de desrealización, algo parecido a “salir del cuerpo y observar lo que está pasando desde fuera”. Este aumento de la tasa respiratoria fuerza al corazón a latir más rápidamente, lo que hace que aumente la tasa cardiaca. Así que también se presentan palpitaciones y dolor en el pecho, que en ocasiones se extiende hasta el brazo izquierdo. Un apunte, ¿qué es una palpitación?. Simplemente es ser consciente del latido del corazón, generalmente con connotaciones desagradables. Dicho de otra forma, se puede tener un latido cardiaco acelerado y no ser consciente de ello. Esto nos indica algo más, y es que por el estrés también estamos más alerta. Estar más alerta significa bajar los umbrales sensoriales de los sentidos. Por ejemplo, empezamos a oír, y nos desagrada, hasta el mínimo ruido. El tic-tac de un reloj de agujas, el crujir del piso, etc. Esto implica que también prestamos más atención a nuestros sentidos internos; sensaciones estomacales y latido cardiaco fundamentalmente. Cuando hablemos de la relación entre el estrés, la atención y el sueño profundizaremos en ello. Ya vimos que todos estos síntomas se corresponden con unas reacciones fisiológicas que sufre el organismo para afrontar o evitar situaciones en donde se da el estrés. Y que tienen un sentido supervivencial; nos posibilitan, en última instancia, afrontar una agresión, ser heridos y no morir rápidamente desangrados, e incluso huir rápidamente evitando la muerte. Pero ahora que los repasamos uno por uno vemos que quizás estos síntomas por separado no tendrían gran importancia. Ahora, en conjunto, en muchos casos nos llevan a sufrir algún tipo de crisis. Estamos hablando de ataques de pánico o crisis de ansiedad. La persona que ha sufrido un ataque de pánico expresa realmente eso, pánico. Y más que expresar malestar, expresará sorpresa y miedo por lo que ha sentido. Simplificando mucho, en algún momento se preocuparon por sus síntomas hasta el punto de considerar que eran anormales, que algo en su organismo no estaba bien. Se rompe la conexión que comentaba al principio, que nos permite identificar que lo que ocurre en nuestro organismo es producto de nuestra mente y empezamos a pensar que ocurre algo mucho peor, mucho más grave, que estamos en peligro de muerte. Y eso estresa, lo que nos aumenta los síntomas, y lo que a su vez retroalimenta el ataque de pánico. Nos asustamos porque nos sentimos muy mal y el propio susto hace que nos sintamos peor, y nos entonces asustamos mucho más. Brevemente, sobre los ataques de pánico, comentar que para muchas personas produce tanto miedo lo que sintieron como la intervención sanitaria de urgencias a la que fueron sometida. Es razonable, si usted acude a urgencias explicando que sufre síntomas que podrían confundirse con una dolencia cardiaca, se van a seguir inicialmente los protocolos para descartarla. Usted siente que le pasa algo grave y se le trata con gravedad. Además, el personal sanitario interviniente posiblemente haya reaccionado con estrés en su intento de salvarle la vida de una supuesta dolencia cardiaca, si percibimos su reacción es posible que nos asustemos más. Por eso, cuando después nos dicen lo que nos ha pasado, no “nos acaban de convencer”. No nos podemos asustar ante un ataque de pánico, y nadie nos debe asustar por ello. Es mas, hay que saber que cuanto antes se acuda al psicólogo antes desaparecerán los ataques de pánico. Un ataque de pánico no mata, el organismo ha sufrido una reacción que sólo pensamos que correlaciona con dolencias cardiacas cuando se da de forma crónica durante mucho, mucho tiempo. En un futuro hablaré del estrés crónico, el menos perceptible y molesto de todos, y el más preocupante. La semana que viene nos centraremos en el estrés y el sueño, pues es quizás la mayor fuente de malestar tras los ataques de pánico. Y recuerden, si desean sugerirme algún tema sobre esta sección, me pueden localizar en Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
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