Estrés como supervivencia

 

  (Artículo publicado en "EL Faro de Ceuta" el día 10 de mayo de 2009)

Autor: DAVID ÁLVAREZ MONTANO

Psicólogo colegiado Nº CE - 077

 

        Ya conocemos cuáles son los falsos mitos sobre el estrés: Ni es igual para todos, ni es consecuencia necesaria de nuestra forma de vida, ni es inevitable, ni hay que evitarlo, sino que hay que saber afrontarlo. Y, por supuesto, no existen multitud de formas sencillas de combatir el estrés.

        ¿Por qué empezamos a hablar del estrés comentando precisamente lo que no es estrés?. Por un lado, porque en mayor o menor medida casi todos sentimos haberlo padecido en algún momento de nuestra vida, y probablemente tengamos a alguien de nuestro entorno que sufre o dice sufrir patologías asociadas al estrés; familiares, compañeros de trabajo, amigos, etc. Puede ser que en algún momento nos veamos en un grupo de personas, hablando sobre estas cuestiones, y cuando las personas hablamos de aquello que nos preocupa solemos buscar soluciones.

        Es importante, entonces, tener claro lo que sí es el estrés. Y es una respuesta sencilla pero inmediata e intensa que va a dar nuestro organismo ante diversas situaciones que muy bien se pueden resumir en tres: Amenaza, pérdida o desafío.

        Analicémoslo bien, porque es importante. Yo creo que muchos psicólogos intentamos explicarlo a través de ejemplos del mundo animal, aunque luego haya que traducirlo a la vida cotidiana. Imaginemos una gacela en la sabana africana, como suele salir en los documentales de animales. La gacela bebe de la charca rodeada de otras gacelas y, de repente, percibe a un león. Mejor dicho, cree percibir a un león. Un rastro de olor traído por el viento o un ruido tras unas ramas captan su atención y la gacela no se puede permitir el lujo de comprobar si hay un león ahí o no. Simplemente, necesita huir para salvar su vida. Cuando una gacela huye, lo hacen todas las demás. Ninguna se queda a comprobar si de verdad hay un león. Y si se quedase, posiblemente sea la presa elegida por el león, lo cual significa que su actitud no es muy útil; tiene todas las papeletas para convertirse en carne de gacela en boca de león, por pura selección natural. ¿Puede pasar esto entre los seres humanos?. De hecho, pasa. Podemos recordar tristemente la estampida en la Semana Santa sevillana del año 2000 y, mucho más reciente, la producida en un estadio de fútbol en Costa de Marfil. De los tres supuestos dichos; amenaza, pérdida o reto, esta actitud de huída responde a una amenaza, como podemos ver, sobre nuestra integridad. Amenaza que debemos notar que, como en los ejemplos anteriores, se puede deber a peligros reales o no (un enfrentamiento entre hinchas y cuerpos de seguridad desde luego es peligroso). Aunque en cualquier caso las reacciones de unas personas sirvieron de indicadores de alerta para otras: –Si los demás corren, algo pasa-, lo que facilita tomar decisiones del estilo a “Corremos todos y, cuando estemos a salvo, ya pensaremos el por qué”. Nótese que primero fue la acción y después el pensamiento que la justifica.

        En esta actitud de huída se fundamentan también los planes de evacuación de los centros de trabajo, de los medios de transporte públicos, de los centros comerciales, etc. Por eso las puertas de emergencia de estos recintos se abren con un pasamanos al que denominamos antipánico, y cuya principal función es que ante una aglomeración se abra por el simple hecho de que se puede empujar con cualquier parte del cuerpo (o con distintas partes de muchos cuerpos a la vez).

        En general, ante una situación de estrés vamos a dar una respuesta bien de huída, bien de afrontamiento. Es decir, la gacela huye del león pero… ¿Huirá el elefante o intentará defenderse?. En el peor de los casos, si no sabemos que hacer, nos quedaremos quietos. El ejemplo más tristemente cotidiano es el perro abandonado que se deja atropellar en carretera cuando ve acercarse las luces de un coche rápidamente y no “sabe que hacer”. La respuesta de estrés que sufre su organismo y que supone, entre otras cosas, descarga de adrenalina, le permite recibir el impacto sin sentir tanto dolor.

        En sus centros de trabajo habrá unos planes de evacuación, con señalización y puertas antipánico, y seguramente harán simulacros. Ahora ya saben para qué, para no quedarse paralizados el día que pase algo viendo cómo les alcanza el fuego. Y, por eso, aunque la situación favorezca el estrés (un edificio ardiendo), esta respuesta puede sernos positiva (huir rápidamente siguiendo una pauta fijada) o negativa (quedarnos a salvar objetos innecesarios, pretender bajar en el ascensor o incluso saltar desde una ventana). El estrés es el motor de arranque de los mecanismos de supervivencia, el saber que hacer nos garantizará el éxito. Gracias a eso sobrevivimos, nos reproducimos y llegamos como especie hasta hoy.

        Ahora, para finalizar, me gustaría dejar en el aire una cuestión: ¿Son este tipo de situaciones peligrosas las causantes del estrés de las personas en el mundo actual?. Yo advierto que no he tenido ningún paciente atacado por un león.

        Y si desean sugerirme algún tema sobre esta sección, me pueden localizar en Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla


 

 

 

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