Mitos acerca del estrés

  (Artículo publicado en "EL Faro de Ceuta" el día 3 de mayo de 2009)

Autor: DAVID ÁLVAREZ MONTANO

Psicólogo colegiado Nº CE - 077

 

      Es innegable que el estrés es un tema de moda hoy en día. Probablemente sea la afección psicológica más conocida de lo que llevamos de siglo, y desde luego es la más usada en el lenguaje cotidiano. En cierta medida, “el estar estresado” se ha convertido en una prolongación de aquel “estar de los nervios” que se usaba hace años casi como una muletilla lingüística.

      Incluso yo mismo, cuando me puse a pensar sobre qué escribir esta semana, planteé no un artículo, sino toda una serie de artículos vinculados al estrés. Y a sus patologías asociadas. Y las estrategias para afrontarlo. Y... A un sinfín de artículos que se pueden escribir sobre la mitología cotidiana del estrés. Porque el estrés está en la calle, como un mito. Tranquilos, no vamos a tomar una actitud engolada reclamando que el término se ha escapado del ámbito profesional y se ha banalizado en la calle. No, al contrario, considero bastante positivo que se hable de esto; tomar consciencia de la existencia del estrés es quizás la primera forma de prevenir sus efectos negativos.

      Muchos de mis pacientes que sufren alguna patología asociada al estrés entienden bien la diferencia entre el “estoy estresado” que decimos en la calle y el “tengo estrés” que sufren ellos. -Esto no es lo que creía que era-, -yo no podría pensar que algún día pudiese sentirme así, que pudiese dejar de comer, que no dormiría, que tendría miedo de salir a la calle-. Además, les suele generar un malestar asociado a la pérdida de control de su vida, bien porque se sienten vencidos, bien porque se sienten indefensos ante aquello que les ha estado afectando. Esto ya nos está dando una pista de lo que es y de lo que no es estrés, así que es el momento de dar una breve explicación del mismo. Los psicólogos entendemos el estrés como una respuesta que da el organismo y que exige de muchos de nuestros recursos. Se da por una situación de amenaza, o de pérdida, o de desafío. Por ejemplo, si usted ha de ir a una entrevista de trabajo, sabe que se va a enfrentar a una persona que va a decidir si está cualificado para desempeñar una función por la cual se le va a pagar, y entonces va a poder mantener a su familia, comer y vestirse bien, etc. Superar esa entrevista se convierte en un reto, en un desafío. Si usted canaliza bien el estrés en esta situación, es capaz de estar más atento a todo lo que le preguntan, y entonces recuerda sonreír e intenta no mostrarse muy nervioso, y puede que por ello consiga el puesto. Si usted está tan nervioso que ni siquiera escucha lo que le dicen, posiblemente no lo consiga. Claro, que si usted está tan tranquilo que ese día se duerme y se le olvida acudir a la entrevista... tampoco consigue el empleo. Luego, el estrés no parece algo tan malo en este último caso. Sirve para que usted ese día se levante a tiempo, cuide especialmente su manera de vestir, esté atento a lo que le dicen, actúe adecuadamente y consiga un empleo. Es decir, tener un nivel adecuado de estrés nos permite resolver bien estas situaciones. Este es el primer mito que quería desmentir.

       Claro, posiblemente alguien me dirá que ir a una entrevista de trabajo es estresante, que es fácil meter la pata. Pongamos otro ejemplo; Yo soy muy miedoso, si una noche me asaltase un ladrón en una calle oscura posiblemente me quedase paralizado del miedo, sin tiempo a reaccionar más que para ver como huye con mi cartera. Sin embargo, a un policía o a un profesor de karate eso no le ocurriría. ¿Porque no tiene miedo?. Todo el mundo tiene miedo ante un ladrón. Sólo que el policía puede controlar su miedo porque sabe actuar ante estas situaciones. Puede reducir al ladrón o puede darle la cartera con calma y así evitar que le hiera o le mate. Luego, y éste es el segundo mito, el estrés no lo provoca una situación externa a nuestro organismo, sino nuestra capacidad de saber o poder afrontarla. Se puede aprender a controlar el estrés si aprendemos a resolver los problemas, no estamos indefensos ante él.

       Hay otros mitos. No tener síntomas no significa no sufrir estrés. Por ejemplo, el policía de nuestro ejemplo anterior no se muestra nervioso ante el ladrón, aunque lo esté. Uno no confiaría en un médico que le atendiese en urgencias si se muestra nervioso, pero créanme que el médico tiene el suficiente nivel de estrés como para atenderle y no irse a comer un bocadillo. Éste otro de los mitos, que ni es posible ni saludable vivir sin cierto nivel de estrés.

        En el siguiente artículo me gustaría explicar por qué la respuesta de estrés es adaptativa para el ser humano y nos ha permitido sobrevivir como especie evitando ser comido por otros depredadores, por ejemplo. Y como siempre, si desean sugerir algún tema, mi correo es Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

 

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